Las tecnologías en las que se sustentará la Internet de los Objetos, la de identificación por radiofrecuencia –RFID– y la de redes de sensores, empiezan a estar maduras, y su aplicación y uso masivo, con ser un avance, llevará asociados, entre otros, riesgos en los frentes de la privacidad y la seguridad de la información, que conviene analizar y poner en valor para no tirarse de cabeza al río sin saber si es profundo y no hay piedras.
Los problemas de seguridad (confidencialidad, integridad, disponibilidad y autenticación) y de privacidad se plantean en la propia Internet de los Objetos (interacciones máquina a máquina, sistemas SCADA...) y en su interacción con la de las personas (las físicas y las jurídicas). ¿Se imaginan que alguien pueda descubrir cosas porque el pantalón, el coche o los calcetines de una persona vayan dejando rastros incontrolados que caigan en manos de desaprensivos que comercien con esa información? ¿O que nuestra nevera se “estropee” y en vez de enfriar se dedique a “charlar” con la tostadora de la vecina del quinto, generando tráfico que, además, pudiera ser facturable? El tono jocoso de estos rebuscados supuestos no debe llevarnos a trivializar esto de la Internet de los Objetos, porque a poco que las cosas no se hagan todo lo bien técnica, legal, industrial y comercialmente que un asunto tan crítico merece, el resultado podría ser lamentable. Global e intergeneracionalmente lamentable. |