Crisis, ¿qué crisis?

¿Se acuerdan ustedes de aquel maravilloso vinilo de Supertramp, de hace un par de décadas, llamado Crisis, ¿qué crisis? Título de disco y nombre de grupo parecen venir al caso en estos precisos tiempos, cuando desde algunas oscuras siringas se nos está queriendo hacer entender de manera persistente y cansina, que la crisis generalizada ha llegado para quedarse, y lo cierto es que eso no parece ser cierto. Sí, sin embargo las irremediables reorganizaciones y aparentes vueltas a la sensatez del colectivo de mandos de la industria TI, demasiado tiempo empecinados en jugar a unas desorbitadas cuentas de la lechera y muy, pero que muy poco preocupados por el incierto destino de las desechadas mesnadas de género humano que iban a propiciárselas. Mala cosa en tiempos de la globalización.
Resulta paradójico que los prebostes de la nueva economía hayan tenido que recurrir a las cabriolas classic style para tapar sus vergüenzas, reinventándose a sí mismos a fin de parecer renovados y, en no pocas ocasiones, sirviéndose de una retahíla de eufemismos para justificar sus desmesuradas dosis de miopía estratégica y/o enfermiza dependencia de algunos analistas de la cosa, rebautizados últimamente como visionarios tecnológicos.
En fín, que en lo que al gremio de seguridad atañe, bien puede decirse que en líneas generales está saliendo bastante bien librado de la locura. El mercado evidencia muy buena salud, porque nunca antes se ha vendido tanta seguridad, ni se recuerda momento alguno en el que haya estado tan asumido que hay que gastarse las perras en hacer las cosas bien. La creciente proliferación en nuestro país de proyectos serios y de envergadura corroboran esta realidad: por una parte, el usuario se va protegiendo, y por otra el sector de oferta ha mejorado cuantititativa y cualitativamente en términos de consistencia y preparación.
Conviene aclarar que el ramo de seguridad no guarda los mismos patrones que el resto de ramos que componen el sector de TIC. Al menos, no todavía. Es especialmente importante poner esto de manifiesto por cuanto la mayoría de medios de comunicación no especializados –que son legión– y los analistas intrusos, no han distinguido entre la crisis del Nasdaq, la crisis de los operadores de telecomunicaciones, la crisis del sector de TI... Craso error. Para estos especímenes –como sabe todo buen profesional– todo ha sido lo mismo: empresas de Internet, puntos.com, portales, desarrolladores de herramientas..., en una suerte de tremendo batiburrillo trufado de ignorancia e irresponsabilidad.
Pero la seguridad, a la que se ha intentado poner de moda a través de exageradas banalizaciones de la criptografía de andar por casa y extraños conceptos de ‘privacidad’, no ha sucumbido a este juego tantas veces repetido. La seguridad no está de moda; simplemente ha crecido y se ha convertido en uno de los ramos de las TIC más avanzados tecnológicamente, que además demanda a un tipo de consultores e ingenieros excepcionalmente formados y en actualización permanente
Cierto que algunos primeros ejecutivos de compañías fabricantes de herramientas tecnológicas de seguridad y protección se han dejado llevar por la locura bursátil, asumiendo riesgos excesivos, pese a ofrecer un crecimiento ostensible en su actividad. Pero salvo alguna firma, hoy en situación especialmente delicada, las demás han sabido reaccionar a tiempo, con lo que seguir vendiendo a buen ritmo todavía les vale como argumento para disfrutar de la confianza de los mercados y de los clientes.
Quede claro, el sector de seguridad no ha venido dependiendo del Nasdaq. El sector de seguridad es algo más que el conjunto de fabricantes que allí cotizan. El sector de seguridad es algo más que los fabricantes de herramientas tecnológicas de seguridad. Para colmo, algunos fabricantes generalistas de TIC –desprovistos ya de mensajes renovadores– llevan un tiempo intentando apoyarse en la seguridad y la protección –con un lustro de retraso, claro– para conseguir una imagen de dinamismo antaño perdida. Paradójico.
Ante esta situación, conviene volver a decir que lo mejor está por llegar. Hay buenos productos, buenos consultores, buenas empresas de integración, buenos desarrolladores y, sobre todo, buenos clientes. Y lo contrario. No siempre ha sido así.

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