Dueña
de dos productos bien asentados en el mercado McAfee y Sniffer,
hace pocos años apostó por jugar en la división de
honor de los oferentes de seguridad integral corporativa a base de engordar
su portafolio mediante la compra de tecnologías de nombradía
(PGP y Gauntlet-TIS).
|
LUIS
G. FERNÁNDEZ
Editor
lfernandez@codasic.com
|
Desgraciadamente,
la inexperiencia e ineptitud en lides corporativas de los sucesivos mandos
de NAI dio al traste con las susodichas, a base de desvirtuarlas, desatenderlas
y malvenderlas. Su posterior repliegue para intentar cuadrar números
en los tiempos post-punto.com, no evitó que sus pretensiones de trascender
en tanto estricto suministrador de antivirus se fueran al garete.
¿Motivos? No es descabellado pensar que la indigente visión
de sus directivos en la materia, muy marcados por el 'estigma' de desarrolladores
de productos para mercado residencial y, en consecuencia, miopes para acometer
con garantías el asalto del mercado corporativo, provocara claramente
su fracaso en este ámbito.
El balance de su primera intentona supuso pues un sonoro fracaso. Muy poco
tiempo después, Symantec intentaría lo propio con resultados
bien distintos.
Pero como en estos tiempos de frenesí mercantil, diarreas víricas
y convergencia tecnológica el inmovilismo para estas compañías
es peligroso, la orfandad estratégica de Network Associates sólo
les podría conducir a unas facturaciones decepcionantes. De ahí
que recientemente haya intentado 'enmendalla' mediante la compra de dos
fabricantes, Intruvert y Entercept, con la pretensión de ser nuevamente
competitivos (curiosamente a base de comprar otra vez tecnologías
de las que en su momento se deshicieron: ¿recuerdan Cybercop?).
Esta decisión de puesta al día insuflando nueva musculatura
a su portafolio podría efectivamente conceder una segunda oportunidad
a NAI. Sin embargo, ciertos indicios hacen temer que el proyecto bien pudiera
atragantárseles de nuevo. Me refiero naturalmente a lo que fue, es
y -me temo- seguirá siendo la causa nuclear de sus males: la ausencia
de un equipo directivo que sepa bien lo que quiere, cómo lo quiere,
a quién hay que dirigirse para conseguirlo y con qué mensajes
hay que transmitirlo.
Este hecho, causante de su permanente zozobra, es aún más
lastimosamente evidente en España. Desde hace tiempo la estrategia
de la filial ibérica viene siendo duramente criticada por la comunidad
profesional del sector -léase mayoristas, integradores y, por supuesto,
usuarios-, desconcertada por persistentes sintomatologías: acefalia
directiva prolongada, marketing corporativo inexistente, personal no formado
específicamente, ...
NAI debería esforzarse en elevar la profesionalidad de sus cuadros
gerenciales, técnicos, de ventas y marketing. Así tal vez
elevaría también su facturación. El sector oferente
necesita de actores fuertes que protagonicen el mercado, capaces no sólo
de suministrar buena tecnología, sino además de tener y transmitir
conocimientos, profesionalidad y buen hacer. |