MR. BEAN IN THE MIDDLE |
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Como es bien sabido, el desembarco digital español en la co-presidencia semestral europea de hace unas semanas, fue bastante desafortunado. La chapucera puesta en funcionamiento del sitio web oficial –sin la más elemental auditoría de código previa– provocó un nuevo refulgir del actor Rowan Atkinson, esta vez en el goloso e inédito papel de avatar presidencial cañí en forma de cómico interpuesto. Más allá de lo anecdótico del caso, la marejadilla mediática causada fue el típico ejemplo de lo que ha de entenderse como un aviso a navegantes: una muestra prístina de que estos tiempos en los que la sociedad conectada se expansiona de forma imparable, es necesario atarse los machos para poder desenvolverse en ella con soltura y razonable confianza. Incluso para, por supuesto, lidiar airosamente con sonrojantes ‘affaires’ digitales como el acontecido. Mayormente porque a buen seguro se sucederán a montones. Y acaso no tan irrelevantes. |
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Ahora que aquí estrenamos el año con los dos flamantes Esquemas, nuestros vecinos de continente también han tenido su estreno. Tras siete meses de orfandad –y, al parecer, tras ser objeto de miles de ‘ciberataques’ de procedencia oriental– por fin disponen en Estados Unidos de un Coordinador de Seguridad de la Casa Blanca: Howard A. Schmidt.
Profesional de abultado pedigrí, al elegido por Barack Obama se le han encomendado cinco prioridades nucleares en la materia concernida. Por su significado bien vale la pena resumirlas y calibrar su alcance: desarrollar una nueva y completa estrategia para proteger las redes norteamericanas, garantizar la respuesta unificada a eventuales ‘ciberincidentes’, reforzar las alianzas público-privadas con socios y aliados tanto nacionales como internacionales, promover la I+D de la próxima generación de tecnologías de protección, y dirigir una campaña nacional para promover la concienciación y la formación en ‘ciberseguridad’. Ahí es nada. Ahí está todo. Entretanto, pese a las buenas intenciones y a las alentadoras iniciativas como los ENS/ENI, en la piel de toro persiste la histórica marejadilla taifal. Más nos valdría reflexionar sobre los movimientos de ficha realizados por el aventajado país norteamericano y plantearnos a un plazo más corto que largo qué vamos a hacer. Y lo cierto es que solo nos quedan dos alternativas: optar por un ‘CiberBean’, emulando así nuestra tradicional faceta de opereta, o proveernos de un ‘CiberZar’, subiéndonos al carro del futuro. |
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