CUANDO LAS BARBAS DEL VECINO VEAS CORTAR


Complace constatar cómo en una madrugadora y sensata decisión, la esfera pública de Reino Unido –en boca del mismísimo David Cameron– ha decidido situar la seguridad en escenarios digitales que le conciernen como una merecida prioridad dentro de su estrategia de defensa para preservar “un Reino Unido fuerte en una época de incertidumbre”. Nada menos que casi 560 millones de euros se destinarán para habilitar en los próximos cuatro años un programa nacional de ‘ciberseguridad’, con el determinante propósito de incrementar de modo significativo la capacidad de nuestro país vecino para detectar y defenderse contra ataques cibernéticos, así como “para cubrir algunos déficits de las ciberinfraestructuras críticas”.

  
LUIS G. FERNÁNDEZ  
Editor  
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No en vano, el primer ministro inglés acotó que era preciso enfocar los recursos no en las amenazas convencionales del pasado sino en las no tan comunes que aparecerán en el futuro. Otro dato para la reflexión: igualmente, el Consejo Nacional de Seguridad británico –a través de un documento titulado “Un Reino Unido fuerte en una época de incertidumbre”– sitúa a los ‘ciberataques’ en segunda posición dentro de su orden jerárquico de mayores riesgos de cara al próximo lustro.
Por otro lado, Europa parece haberse desperezado algo más en la materia al anunciar –bajo la forma de una propuesta de Directiva– dos nuevas medidas para tratar de conformar una adecuada defensa ante eventuales ataques a sus sistemas informáticos vitales. De un lado, cobra forma una propuesta para luchar contra los nuevos delitos informáticos –un suponer, los ataques a gran escala– y de otro, el fortalecimiento y modernización de la voluntariosa pero inoperante ENISA, la Agencia Europa de Seguridad de las Redes y de la Información.
También allende el Atlántico, con las recientes constataciones de que la actividad terrorista parece recrudecerse, Estados Unidos anda con la sensibilidad a flor de piel. Tanto es así que en un acto de sorprendente fraternidad y sintonía digital, los departamentos de Defensa (DoD) y Seguridad Interior (DHS) han decidido alinear sus capacidades de “ciberseguridad” en aras de proteger las redes y las infraestructuras críticas de los EE.UU., intensificando una colaboración que, sin embargo, no impedirá que sigan realizando de forma soberana sus actividades de protección.
Así, cabe señalar que dichas colaboraciones fraguarán inicialmente en un ‘mejor’ apoyo al denominado Centro de Integración de Comunicaciones y Ciberseguridad, creado a finales del año pasado, y al Ciber-comando del departamento de Defensa. La imparable expansión de la sociedad digital –ya sea un país, una multinacional, un ejército, una red social...– y la fragilidad de las infraestructuras que la sustentan, junto a la evaporación de las fronteras, está abocando a los países más desarrollados cuyo devenir depende de las TIC a enfrentarse a una realidad francamente cruda: o se protegen los nuevos escenarios de prosperidad y convivencia, o puede que alguien los volatilice sin despeinarse demasiado. ¡Alguien de aquí toma nota!

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